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El maestro Zacarías, Julio Verne, Editorial Nauta

febrero 1, 2012
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Miguel González Ortiz-  3º B

Se trata de un libro que se lee muy deprisa, en primer lugar porque es breve y en segundo lugar porque la narración es muy rápida y muy entretenida. Personalmente, me ha gustado muchísimo. El tema es del pacto con el diablo para conseguir algún favor o beneficio personal, y claro el que pacta con el diablo siempre acaba perdiendo.

La obra trata de un maestro relojero suizo, de Ginebra, cuyos relojes eran perfectos, todo el mundo se los disputaba. Nunca se paraban, nunca se adelantaban ni se atrasaban. El maestro vivía con su hija, Geranda, su ayudante, Alberto, y una señora que les hacía las tareas de la casa, Escolástica. Sus vidas eran perfectas, los relojes eran perfectos. Incluso el maestro Zacarías había inventado un sistema especial de relojería. Tanto montar relojes, péndulos y piezas el maestro había logrado tener una visión de la vida semejante a la del mecanismo de un reloj. Poco a poco el maestro Zacarías va sintiéndose como Dios. De hecho él afirma que ha superado la creación humana pues sus relojes son aún más perfectos, puesto que el ser humano también es una maquinaria. Su ayudante, Alberto, se asusta mucho con esta actitud del maestro y vaticina que tendrán algún desastre.

Un día los relojes empiezan a fallar. Uno por uno. Todos empiezan a fallar. Los desmontan y sus mecanismos están perfectos, los muelles están perfectos, las ruedas, todo está perfecto. El relojero y su ayudante se desesperan. Cada día llegan clientes a la tienda a devolver los relojes, y poco a poco el prestigio del maestro va desapareciendo. El maestro Zacarías se va hundiendo en la desesperación y cada reloj que se para es para él una pequeña muerte. Ya solo queda un reloj vivo, es el gran reloj de un castillo. Entonces aparece en Ginebra un extraño señor, un anciano, que le propone un trato: si le entrega la mano de su hija, que se iba a casar con el ayudante, él le dará la llave para que dé cuerda al último reloj, el del castillo, y así podrá volver a dominar a todos los relojes que han muerto. El maestro le dice que no. Y el otro anciano se marcha del taller.

El maestro Zacarías está cada vez peor, todos los relojes se van apagando y está ya casi sin vida. Por fin, una noche se va solo al castillo de Andernatt, donde está su último reloj. Allí le está esperando el anciano. Su hija, y su prometido llegan detrás. El maestro Zacarías le entrega su hija. Zacarías se da cuenta de que ese otro hombre es el Tiempo en persona. El maestro Zacarías empieza a dar cuerda al reloj y este va dando campanadas, a cada campanada aparecen en su gran esfera leyendas contra la religión, por ejemplo una dice, “El hombre debe ser esclavo de la ciencia”, y el maestro Zacarías dice que así es y así debe ser. En el momento en que da la última campanada aparece en la esfera una frase que dice “Será condenado eternamente el que pretenda igualarse a Dios”. En ese momento el reloj se hace pedazos y el maestro Zacarías lanza un grito cayendo al suelo mientras el otro viejo se hunde en el suelo junto con el alma del relojero.

He adivinado la función del alma en los cuerpos vivos y la ha aplicado a mis relojes. Esta es la función que cumple la rueda de escape, invento mío. Y Ya no hay secretos para mí acerca de la vida, que, a fin de cuentas, no es otra cosa que una ingeniosa máquina

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