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El grillo del hogar de Charles Dickens, Acento Editorial, 1998

febrero 26, 2011
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Después de haberme leído Historia de dos ciudades, tenía muchas ganas de leer algo más de Dickens. Es cierto que Dickens se me hace lento, que su lenguaje es superantiguo, y que a ratos es tremendamente embrollado, confuso, irreal, pero sus personajes y sus historias son muy atractivas

La lectura no es difícil pero el lenguaje es muy pesado, muy lento y demasiado antiguo. Sobre todo esto. Demasiado antiguo. Por otra parte el autor tiene verdadera obsesión por los detalles. Esto es lo que más me ha aburrido. Todo tiene que estar descrito hasta el más mínimo detalles. Y esto es agotador. Me pregunto si eso se debe a que la gente era poco imaginativa y necesitaba que se les diera todos los detalles o a que era una de las maneras que había en la época de demostrar que uno era un buen escritor. Al principio de la obra, por ejemplo, hay una descripción interminable del ruido provocado por el canto de un grillo en su jaulita y del agua que hierve en una cazuela. Esta descripción dura ocho páginas, y es desesperante.

El matrimonio formado por John Peerbingle y su joven mujer, a quien llama cariñosamente Dot, es feliz. No hay nada que les turbe. John es recadero y al venir del trabajo en su carromato ha encontrado a un anciano viajero junto al camino. Ese extraño anciano nada más subir se duerme y al llegar le pide permiso a John para poder seguir descansando en su casa, en cualquier habitación que sea, pagando, por supuesto. Y John acepta. En casa de John conocemos a Caleb, que trabaja haciendo juguetes para su cruel y tiránico jefe, el señor Tackleton. Este, el empresario, se pasa por la casa del recadero para anunciarles que se va a casar con un joven y hermosa mujer. Todo esto lo dice con absoluta indiferencia, sin emoción. Él no busca sino una compañía en su triste vida, alguien que le obedezca, le atienda y no le dé problemas. Por eso ha pensado en la dócil señorita May Fielding. El señor Tackleton invita a la boda a Caleb y a su hija, Berta, y a John y Dot. Tackleton decide celebrar antes una merienda en casa de Caleb, su empleado. Caleb vive en un miserable tugurio, su casa se viene abajo. Su pobreza es absoluta. Viste con un abrigo hecho con sacos cosidos. Incluso lleva el número de un saco a la espalda. Pero a su hija, Berta, que es ciega, le ha fabricado un magnífico palacio con sus palabras. Y el abrigo es un maravilloso gabán que provoca la envidia de todos. Y él no es un anciano trabajador, sino que es guapo y elegante y ágil. Berta vive feliz en medio de estas mentiras. Incluso el miserable explotador del señor Tackleton en boca de Caleb es un cariñoso y atento amo. Es algo conmovedor. Al leerlo te sientes muy emocionado. Es increíble el encanto que pone el padre cuando le describe a la hija los muebles y su forma de vida. El señor Tackleton desprecia a su empleado y para él su hija no es más que una pobre idiota. Sólo una sombra nubla la vida de Caleb: su hijo mayor, que emigró a Estados Unidos y del que no ha vuelto a saber nunca nada más.

Cuando tiene lugar la merienda antes de la boda, John contempla aterrorizado cómo el anciano que ha alojado temporalmente en su casa está en animada charla con su mujer. De pronto se despoja de su vieja y sucia peluca, de sus ropas viejas, y aparece un joven que se lanza a los brazos de Dot. John se queda de piedra. Esa noche está a punto de matar al supuesto anciano. Se queda sólo en el salón de su casa. El grillo empieza a cantar más fuerte que nunca, y de pronto toda la casa se llena de hermosas y juguetonas hadas, que lo transforman todo con su magia. Las hadas le muestran la belleza y la paciencia de su mujer. Al amanecer, John decide que se divorciará de su mujer y piensa que la culpa ha sido suya por haberse casado con una mujer tan joven. Antes de la boda, acude a su casa el señor Tackleton, que también ha visto la escena. Acude también Caleb y Berta, su hija, y este le cuenta a su hijita le verdad de su triste y pobrísima vida, y que su amo es cruel y repulsivo, y que su abrigo son sacos cosidos. Dot también está presente pero no intenta defenderse de ninguna de las acusaciones. En esto se oyen ruedas de carro. Y el que llega es el hijo de Caleb, Edward, el joven que se marchó fuera hace tantos años. Él era el anciano. No sólo eso, sino que también se ha casado con May, puesto que estaban prometidos desde antes de marcharse él. Entonces John comprende la escena que  había visto el día de antes. Tackleton se queda de piedra. Pero no se desespera, ni llora, sólo está un poco molesto. Un poco, sobre todo por la tarta que ha encargado. Y decide marcharse.

Todos se reúnen para celebrar los acontecimientos. Llaman a la puerta y es el señor Tackleton que pide participar de la fiesta. De repente ha visto la estupidez y la maldad de la vida, y se ha dado cuenta de que su vida no tiene sentido. Y participa en la vida como un amigo más.

En ese momento se oye el canto alegre y desenfrenado del grillo.

Yo creo que ya sólo faltaba que la ciega recuperase la vista y entonces sería un final por todo lo grande

Lo que más me ha gustado es la ternura de Caleb cuando habla con su hija y le pinta de forma alegre y vistosa la vida que llevan. Es algo capaz de hacer llorar a cualquier persona. También creo que la tensión está muy bien planteada. Cuando John ve a Dot en brazos del anciano la historia llega a un punto de gran tensión. No sabemos qué va a pasar, además se mezcla con ese injusto matrimonio del señor Tackleton.  De repente llega la solución, de forma totalmente inesperada para nosotros, con el hijo de Caleb. Este desenlace me ha gustado mucho, bueno, me ha gustado por lo inesperado que es. De nuevo creo que en esto se ve que Dickens es un maestro de la narración y de la intriga.

Creo que otra cosa importante que Dickens deja claro, es que en toda casa ha de haber algo de magia: un hada revoloteando, un maravilloso grillo sonando, si no esa casa está vacía y no es un hogar. Es simplemente una casa llena de cosas y nada más.

 

-“Cuéntame lo que ves, padre”

-“Lo de siempre, más o menos. Las paredes alegres, las vistosas flores en fuentes y platos, la madera bruñida donde hay vigas y la limpieza general en todo el edificio”.

“Alegría y limpieza eran imposibles en aquel cuchitril, en medio de la ruina que la fantasía de Caleb se esforzaba en transformar de tal manera”

Miguel González Medina 2º ESOA

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