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Naturaleza Infiel, Cristina Grande, editorial RBA

febrero 15, 2010

He leído hace poco el libro Naturaleza Infiel de Cristina Grande. Me lo sugirió Isabel Muñoz, nuestra bibliotecaria, a la que últimamente pido consejo en estos temas de forma casi constante, con la ventaja de que ya me llevo el libro del centro sin tener que ir a una biblioteca pública o arriesgarme a comprarlo. En este caso además, porque precisamente hoy se reúne nuestro club de lectura con la autora.

El libro se lee con facilidad, es ágil y entretenido, cosa que últimamente para mí es un valor. Me he gustado especialmente la forma que tiene de narrar los acontecimientos: se trata de una mujer, Renata, que nos cuenta su vida o lo que de ella recuerda, un poco a trompicones, sin un orden cronológico. Va enlazando aquellos recuerdos que más le marcaron y tuvieron significado para ella. En realidad es como si estuvieras hablando con esa persona, pues cuando alguien te cuenta este tipo de experiencias casi nunca te hace un relato, digamos “histórico”, sino que te narra que más le impactó, y las causas o consecuencias que de ello se derivaron, fuera veinte años antes o diez después. Por esta razón a veces es difícil seguir el hilo, pues te adelanta sucesos de los que el lector no tiene ni idea, y de los que quisieras preguntarle: ¿Cómo que tu hermana gemela cayó en las drogas¿ (por ejemplo).

 Otra cosa que me ha gustado es que la acción se desarrolla en Zaragoza, mi ciudad, y describe sucesos y ambientes que yo también conocí. Y a esto me pregunto: ¿Por qué algunas ciudades tienen la suerte de tener escritores que las convierten en “lugar literario” y otras (la mía) no? Vale que Zaragoza no es la Venecia de Brunetti, el Nueva York de casi todos – gracias al cine y las series americanas – o París. Pero si los escritores le dieran una oportunidad, esta ciudad podría ser un buen escenario de todo tipo de narraciones. Ya algunos lo están haciendo – Miguel Mena, en Días sin tregua por ejemplo – pero son todavía pocos.

 Como aspecto menos negativo, tengo que decir que la protagonista me ha caído mal. Es decir, que en un libro lo primero que hay que lograr –creo yo – es la complicidad con el lector, que empatices con quien te cuenta su vida. Y no ha sido así: he sacado en conclusión que Renata es una niña bien que no consigue centrar su vida – vale que le pasa de todo, pero ¿a quién no? – y muestra un optimismo en que las cosas se arreglarán (solas, por supuesto) que me resulta bastante irritante. Debe ser porque yo no soy así…

Elena Piedrafita

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